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  1. Primero

    Construía interfaces.

    Pantallas, componentes, estados. Aprendí el oficio por la vía de que algo se viera bien y funcionara, y durante bastante tiempo pensé que ese era el trabajo entero.

  2. Después

    Construía sistemas.

    En Amazon trabajé en el design system multimodal de Alexa: voz, pantalla y todo lo que hay en medio. Ahí descubrí que el problema deja de ser cómo se ve una pieza y pasa a ser qué decisión queda congelada dentro de ella.

  3. Luego

    Dirigía sistemas.

    La consolidación del sistema global de Western Union en cuarenta mercados. La lección incómoda de esa etapa: cuando alguien encuentra un fallo en tu sistema no abre una incidencia, deja de usarlo en silencio. El problema casi nunca era técnico.

  4. Y entonces

    Empecé a enseñarlos.

    El Instituto de Diseño Agéntico nació de ahí. Enseñar resultó ser la mejor prueba de si entiendes algo de verdad: en clase no puedes esconderte detrás de una palabra grande. Casi todas las veces que he cambiado de opinión sobre algo importante, el empujón vino de una pregunta que no supe contestar bien.

  5. Ahora

    Construyo para comprobar si tengo razón.

    Proyectos propios en regulación, territorio, espacios, bodas y educación. No son apuestas sueltas: son la forma que he encontrado de poner a prueba fuera del PowerPoint lo que digo en una clase. Algunos funcionan. Uno lo monté entero y no lo quería nadie.

    En Tres Estados llevo esa investigación a la arquitectura y el interiorismo: cómo diseñar un lugar y conservar el criterio detrás de sus materiales, recorridos y mantenimiento. Lo Peix es uno de los casos construidos de los que aprendo.

    Lo que he construido

Dirijo diseño, UX y frontend en Kutxabank. Lo que publico aquí es mío y no describe el trabajo interno de nadie.

En qué he cambiado de opinión